Siempre creyó que era mentira, pero luego descubrió lo que había bajo el arrecife

Martin y Celia Voss, una pareja de residentes locales, fueron quienes iniciaron la explotación comercial de la leyenda. Comenzaron imprimiendo postales que mostraban el arrecife, y luego expandieron su oferta con tazas, llaveros y otros souvenirs relacionados con la Línea de la Serpiente. Además, organizaban excursiones guiadas temprano por la mañana para atraer a los turistas que visitaban el pueblo durante el verano y querían conocer más sobre sus historias tradicionales.
Pronto otros comerciantes del lugar siguieron su ejemplo y se sumaron a la tendencia. Durante una temporada, un bar situado en la bahía lanzó su propia cerveza con el nombre de Serpent Line. Un almacén de recuerdos ubicado cerca del puerto comenzó a vender amuletos tallados en madera y libros que hablaban sobre la supuesta maldición de Blackwater Cove. En una ocasión, lo que causó particular molestia a Nora fue descubrir un folleto turístico que promocionaba viajes en embarcación siguiendo lo que describía como la última ruta navegada por Thomas Hale.
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