Siempre creyó que era mentira, pero luego descubrió lo que había bajo el arrecife

Nora lo enfrentó directamente y le preguntó si en algún momento había existido alguna construcción en el arrecife. Cal fijó la vista hacia el océano a través de la ventana de su oficina, con los músculos de la mandíbula tensos, como si retuviera palabras que no podía expresar. Finalmente soltó: «Hay cosas que es mejor mantener enterradas».
Nora insistió y quiso saber si Thomas estaba al tanto de esos secretos del pasado. En ese momento, los ojos de Cal se iluminaron, pero no de rabia sino de angustia profunda. Le advirtió: «Deja de remover los muertos, a menos que quieras que el mar también se lleve algo tuyo». Se fue dejándola temblorosa, aunque decidió que no guardaría silencio.
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