Siempre creyó que era mentira, pero luego descubrió lo que había bajo el arrecife

La tía Maggie, hermana de su padre, la esperaba en la puerta con las mangas cubiertas de harina y una expresión de genuina preocupación marcada en su rostro. La abrazó con una intensidad que buscaba consolar más que saludar, y enseguida le preguntó si había comido algo. Era así como Maggie enfrentaba todas las noticias perturbadoras: creía firmemente que la comida tenía el poder de sanarlas.
Posteriormente, en la cocina, Maggie extrajo una lata antigua de galletas que guardaba bajo la escalera. Dentro de ella había guardado cuidadosamente recortes de diarios, esquelas cuidadosamente dobladas y una fotografía donde Thomas sonreía junto a su embarcación. Nora no había solicitado ver ninguno de esos objetos, pero Maggie pareció intuir que su sobrina necesitaba conectar con los momentos que había compartido con su padre.
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