Siempre creyó que era mentira, pero luego descubrió lo que había bajo el arrecife

Al amanecer, Nora le mostró el cuaderno a Eli. Él reconoció inmediatamente el dibujo del arrecife y decidió acompañarla, aunque intentaba disimular su nerviosismo. Ambos guardaron silencio sobre el destino del viaje; así era más sencillo para todos.
Esa tarde la marea se retiró más que en días anteriores, exponiendo piedras mojadizas y salientes estrechas que normalmente permanecían sumergidas bajo el agua gris. Nora y Eli avanzaron con precaución, tropezando entre las algas mojadas, hasta llegar al extremo más alejado del arrecife, donde los acantilados del pueblo amortiguaban la mayor parte del ruido que provenía de la costa.
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